Donde estamos

Aznalcázar

Para describir el magnífico escenario donde se ubica el camping, que mejor forma de hacerlo que recordar un fragmento del libro de uno de los paisanos más ilustres del municipio, el poeta Antonio García Barbeito.

Aljarafe abajo, atravesando las antorchas de cal de los pueblos -tan iguales y tan distintos a la vez-, siguiendo carreteras y caminos escoltados; allí asomada al balcón del aire, con un aura de luz morena en la cintura de su historia, La Puebla del Guadiamar…Allí, queriéndose mirar en el espejo turbio y apulgarado del río que la apellida. La historia del viejo pueblo, certeramente nadie la sabe. Al menos allí. Cuentan que fue Fenicia quien le dio la vida. Y que más tarde la ocuparon los romanos. Y que bajo el dominio del pueblo árabe tuvo su mayor esplendor. Y que fueron los Caballeros de la Orden de Santiago quienes la conquistaron y la hicieron cristiana…

LA PUEBLA DEL GUADIAMAR
(Memorias de un pueblo del sur)
Antonio García Barbeito

Sevilla

Diferentes culturas han estado presentes en la historia de Sevilla. Cada una de ellas supo aportar lo mejor a esta ciudad, así pues, su legado ha ido aumentando a lo largo de siglos y su patrimonio cultural, monumental, gastronómico y artístico podemos admirarlo en sus calles, en sus edificios, en sus fiestas y en sus bares.

Además no nos queda más remedio que admitir que Sevilla es una ciudad que se cuida, que le gusta lucirse y que reserva sus mejores trajes para todos los días del año.

Pero Sevilla no se queda sólo en la ciudad, la mayoría de los pueblos de la provincia guardan tesoros culturales, naturales y gastronómicos que merecen ser visitados. Si quiere conocerlos puede visitar las páginas www.sevilla.org o www.turismosevilla.org, también tienes la opción de venir y descubrirla por ti mismo. Este camping en Sevilla le ofrece la doble oportunidad de visitar la ciudad sin grandes desplazamientos, al tiempo que descansa en una de las zonas naturales más importantes de la provincia.​

Otros enlaces de interés:

Doñana

Hablar de Doñana significa volver a la historia, conocer sus paisajes, recorrer sus pueblos, y sin duda, deleitarse con su gastronomía.

Pocos lugares han tenido una historia tan intensa, y además se han transformado tanto como este territorio.

No han sido pocos los arqueólogos que han situado la mítica Tartessos entorno a las Marismas del Guadalquivir y desembocadura del “gran río”. De lo que si se está seguro es de los asentamientos romanos datados desde el siglo II y que permanecieron hasta el siglo V d.C, dedicados fundamentalmente a la pesca y a la salazón.

Cuando el rey Alfonso X arrebata las tierras a Aben-Mehafut de Niebla, en el siglo XIII, grandes grupos de caballos árabes pastaban en las marismas del Guadalquivir. El rey, amante de la cacería frecuentaba Las Rocinas llegando a convertirla en “Cazadero de la Real Corona”. Poco más se conoce de esta época en la que se va implantando la cristianización entre los pobladores del territorio, construyéndose las primeras ermitas.

Continúa su carácter de Cazadero Real durante los periodos de Alfonso XI, Fernando El Católico, Carlos V y Felipe II.

Curiosamente es un personaje femenino el que le da nombre a este territorio. Doña Ana Gómez de Mendoza y Silva hija de la princesa de Éboli y casada con Alonso Pérez de Guzmán, VII Duque de Medina Sidonia, se instala sobre 1589 desde Sanlúcar de Barrameda al palacio que su esposo construye entre el pinar y la marisma para administrar la hacienda e intereses que tenía su marido en la otra orilla del río. Las tierras comienzan a ser conocidas como Bosque de Doña Ana, El Coto de Doña Ana, Coto de Oñana y finalmente Doñana.

Hacia el siglo XVIII los propietarios del territorio consolidan tres usos: la explotación forestal, mantenimiento de las dehesas y pastos para la ganadería y el fomento del coto como cazadero.

En 1854 don Antonio Machado y Núñez, abuelo de los poetas, publica “Catálogo de las aves observadas en algunas provincias andaluzas”, donde deja constancia de la riqueza de la avifauna de Doñana. Años más tarde el naturalista Abel Chapman publica un libro titulado Unexplored Spain dando a conocer al mundo anglosajón las maravillas de este lugar.

Con la dictadura franquista se renuevan los intentos para transformar el espacio, principalmente la marisma, y hacerlo propicio para la agricultura y ganadería; es en este momento cuando la comunidad naturalista y científica, encabezada por el Dr. José Antonio Valverde, se moviliza en para la protección y conservación del territorio.

Finalmente en 1963 se compra las primeras 6974 ha por parte del gobierno y WWF, y se convierten en la Reserva Biológica de Doñana. En 1969 se incorporan como zona protegida unas 35.000 ha de marisma, lucios y cotos y se declara el Parque Nacional de Doñana.

Más información de Doñana

Ventana del visitante de Espacios Naturales

Pinares de Aznalcázar

Existen dos espacios naturales en la provincia de Sevilla que ofrecen naturaleza, deporte y gastronomía singular.

Quizás la más conocida es la Sierra Norte de Sevilla puesto que brinda bellas estampas de dehesas, pintorescos pueblos, zonas escarpadas y buena gastronomía; pero para el que no lo conozca, los pinares de Aznalcázar se presentan como una gran pista deportiva de entrenamiento al aire libre para los aficionados a la bicicleta de montaña, el senderismo, el cross, la orientación, el raid, paseo a caballo y una larga lista de actividades para realizar en la naturaleza.

​Corredor Verde del Guadiamar

Este ha sido uno de los últimos espacios incluido en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía y por su historia es el mejor ejemplo de una restauración ecológica.

Históricamente el río Guadiamar ha sido un referente para las diferentes civilizaciones que se han asentado en este territorio, ya que sus aguas abastecían a la ciudad de Itálica, fue una vía fluvial utilizada para el comercio, el cereal y los árboles frutales dominaron su fértil vega y actualmente se ha convertido en uno de los Bosques de Ribera más importantes de la Península Ibérica.​

Se trata de una magnífica autopista natural, con más de 70 km de longitud, que se abre a la Vega del Guadiamar uniendo Sierra Morena con Doñana. Sus aguas recorren pueblos de la sierra y el aljarafe.

Después de haber sufrido la peor catástrofe natural de España hasta 1998, su restauración y recuperación sorprende al visitante.​